Por qué existe Alergiapp.
Fui mamá joven. Tuve cuatro hijos en cinco años. Sí, aunque no den las cuentas.
La mayor nunca tuvo un diagnóstico, pero sí brotes y problemas respiratorios que iban y venían. Los otros tres fueron APLV desde el nacimiento: alérgicos a la proteína de la leche de vaca.
Para poder amamantarlos hice dieta estricta durante cinco años. Nada de lácteos, nada que los tuviera. Con la más chiquita no había alternativa: hasta las fórmulas medicamentosas le daban reacción. Mi leche era lo único que podía tomar, y para eso yo no podía comer ni una traza.
Esos años los pasé leyendo etiquetas. En el súper, en la cocina, antes de cada cumpleaños. Aprendí que la leche se esconde con otros nombres. Que una marca cambia de proveedor y lo que ayer era seguro hoy ya no lo es.
Después, mi segundo hijo desarrolló una alergia ocular tan severa que no podía caminar por las calles de Buenos Aires. Le indicaron un inmunosupresor muy fuerte. Decidimos buscar otro camino. Nos fuimos a vivir lejos de la ciudad: aire libre, ejercicio, lentes como barrera y una alimentación cuidada, sin lácteos, con menos TACC y sin aditivos sintéticos. Con el tiempo, su alergia quedó bajo control.
Con los años vi que no éramos los únicos. Mucha gente tiene que evitar algo y se encuentra sola frente a la letra chica.
Además de mamá, soy socióloga y doctora en Ciencia y Tecnología. En mi doctorado estudié cómo hacer que la información sea accesible para todos: cómo traducir el conocimiento para que deje de ser de unos pocos. Alergiapp es esa misma idea, aplicada a cada etiqueta.
Tengo esta idea desde 2021. Es la herramienta que me hubiera gustado tener en cada uno de esos años. Ahora que dejé de amamantar a mi hija menor, tengo el tiempo para hacerla.
Alergiapp se la debo a mi historia, a mis lactancias y a todas las etiquetas que leí. La hago para que nadie más tenga que leerlas solo.
Sol